La pérdida de apetito de un hijo es una situación frecuente
que se vive por parte de los padres con preocupación, a veces desesperación y
en muchas ocasiones se interpreta como una amenaza para la salud del niño.
“Mi niño no
come nada”es una de las frases que más oímos los pediatras en consulta a lo largo de nuestra carrera
profesional.
Los
pediatras, como padres que también somos entendemos la preocupación legítima de
estos padres pero como profesionales tenemos la obligación de aclarar y
despejar las dudas, temores, tópicos y mitos muy enraizados culturalmente en
torno a la comida.
¿por qué
unos niños comen menos que otros? Sencillamente porque estos niños
necesitan mucho menos alimento para
cubrir sus necesidades nutricionales y no hay que darle más vueltas; por
otro lado en los primeros años casi todos los niños pasan por más de un
episodio de inapetencia que se resuelve espontáneamente
Los niños
cuando comen, también cubren unas necesidades de índole emocional por lo que
cuando un niño se niega a comer puede estar reflejando una mala adaptación en
su vida cotidiana; es muy frecuente encontrar niños que comen estupendamente en
las guarderías y que se niegan a comer con los padres; en este caso lo mejor es
adoptar una actitud neutra, quitándole importancia al hecho de no comer, de
esta manera con el tiempo terminará comiendo también con sus padres.
Cuando los
padres se encuentran en esta situación se suelen enfrentar con algunos miedos
muy arraigados culturalmente “no come todo lo que debe comer “si no come no
crecerá” “caerá enfermo” “¿necesitará vitaminas?” todos tópicos muy alejados de
la realidad, si los padres ofrecen a sus hijos habitualmente alimentos variados
por muy poco que coman estarán siempre bien alimentados y se desarrollarán como
cualquier otro niño que coma más.
¿Existe algún método
mágico para que los niños coman de todo?
la respuesta es NO; sin embargo sí que existen una serie de pautas que pueden
ayudar a los padres a afrontar mejor
esta situación:
- A la hora de planificar la comida se puede
escribir un menú semanal para toda
la familia y así evitamos menús reiterativos adaptados exclusivamente a los
gustos del niño
-
En cuanto a los horarios no hay que ser
muy estrictos pero sí que es verdad que muchos niños se sienten mejor si se
respetan las rutinas de manera que prefieren comer siempre en “su sitio” y no
cambiar cada día de lugar.
-
No es bueno distraerlo en la
comida así que nada de ver la televisión,
nada de hacer el avión con la cuchara, ni cuentos, ni canciones; esto lo único
que provoca es prolongar inútilmente la comida.
-
Hay que limitar el tiempo , no por
prolongar eternamente la comida vais a
conseguir que coma más por lo tanto cuando haya pasado un tiempo razonable se
retira el plato aunque solo haya tomado una pequeña porción de comida.
-
Evitar porciones excesivas y no obligad
nunca a acabarlas; lo que el padre desea que coma el niño no siempre coincide
con lo que verdaderamente quiere el niño.
-
Cuando le propongamos un menú el niño
no tiene por qué aceptarlo, la obligación de los padres es ofrecer a sus hijos
una comida variada pero esto no implica
necesariamente que el niño vaya a aceptarla; así que en estos casos cuando el
niño se niega a comerla se retira el plato , se queda sin comer pero sin
dramas, sin castigos… si lo hacéis así, poco a poco el niño irá aceptando más
alimentos, tened paciencia , si seguís este consejo , recogeréis los frutos
pasados semanas, meses o en el peor de los casos 1 o 2 años . (no os preocupéis
en mi larga experiencia como pediatra jamás he visto un niño mal nutrido por muy
inapetente que sea).
-
Dad ejemplo, si los padres comen
habitualmente una comida variada, ellos os terminarán imitando.
-
La clave final de estas recomendaciones es no forzar, para que los niños no
vayan a la comida como si fuera un campo
de batalla, la hora de la comida tiene que ser algo placentero y una estupenda
excusa para que se reúna la familia alrededor de una misma mesa.
¿Tienen algún papel
los medicamentos ¿ por supuesto que no, existen medicamentos que contienen
ciproheptadina que aumentan artificialmente el apetito pero que provocan
efectos secundarios como somnolencia, disminución del rendimiento escolar
cefalea, sequedad, de boca incluso disminución de la secreción de la hormona de
crecimiento por lo que los pediatras desaconsejamos su uso.
Espero que estos consejos os sirvan de
algo, especialmente a aquellos padres que tenéis un hijo inapetente; la clave del éxito es aceptar y aprender a sobrellevar a un niño
que- no- come, a vosotros os ha tocado esta tarea; a otros padres les tocará la
tarea de educar a un niño que no duerme, que no quiere ir al colé o que siente
celos de su hermano pequeño.
La
última palabra la tenéis vosotros, confiad en vuestro propio sentido común y en
vuestra capacidad como padres para educar
a vuestros hijos
Dra. Aleth
Bueso-Inchausti
Pediatra
CENTRO MEDICO VILLASALUD
EUROCLINICA DEL PARDILLO
Villanueva
del Pardillo