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Son posiblemente una de las formas más peligrosas en el
tratamiento de la obesidad y seguramente la más extendida a nivel mundial. Se
basan en reducir el consumo, incluso a veces se llega a la eliminación directa,
de hidratos de carbono, para sustituirlos por grasas.
Se altera
la proporción normal de la dieta, que debe componerse de un 50% de hidratos, un
30% de grasas y un 20% de proteínas, por una en la que las grasas representan
el 80%, las proteínas menos del 20% y los hidratos de carbono no llegan al 5%.
El organismo, y más concretamente el cerebro, al no conseguir la glucosa
procedente de los hidratos de carbono, busca otros lugares donde encontrarla y
lo logra en los depósitos de grasa formando acetona.
La
acetona tiene la capacidad de disminuir el apetito, lo que se refuerza con la
propia dieta, en la cual la alimentación está basada casi exclusivamente en
producto muy grasos, siempre fritos, con lo que al principio puede ser
agradable, pero luego y rápidamente pasa a hacerse monótono, consiguiendo el
propio paciente, al ver que le apetece poco, comer menos.
Este
tratamiento que se vende año tras año como una gran novedad, fue utilizado por
vez primera por el Dr. Atkins en 1951. Tiene dos problemas fundamentales, de
una parte, provoca una disminución importante en las cifras de glucosa, con
importantes y graves consecuencias y de otra, eleva los niveles de colesterol
en sangre, así como los de triglicéridos y de ácido úrico. No es casualidad por
tanto, que el profesor Gomez-Cuevas la denomine "una autopista hacia el infarto",
ya que se han producido varias muertes documentadas en la población Española,
así como también varios miles en el resto del mundo.
En la
actualidad se presentan muchas variantes de la misma, todas igual de peligrosas
y a la larga igual de ineficaces, como se ha demostrado en estudios donde se
detectó que no se producía una verdadera perdida de peso y sí de agua.
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Dieta
de la sopa quita grasas
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Muy de moda últimamente, es una dieta muy hipocalórica
y absurda, que consiste en preparar un caldo basándose en cebollas, apio,
tomates y pimientos que se tritura en la batidora y se acompaña, según el día, de hidratos o
proteínas. Es una de las más peligrosas, por desequilibrada.
El
problema y peligro de estas dietas aberrantes, milagrosas y desequilibradas
(sólo se han mencionado las más importantes por la frecuencia en su
utilización), conviene repetirlo muchas veces, es que provocan daños en la
salud, algunas veces irreparables y en algunos casos más extremos, alcanzan consecuencias
mortales.
España,
después de los Estados Unidos, es el país con mayor cantidad de dietas mágicas,
tal como se pudo demostrar en el Primer Consenso Latinoamericano sobre Obesidad
celebrado en Río de Janeiro en 1998.
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En cualquier dieta de adelgazamiento se realiza una disminución
controlada de los hidratos de carbono y de las grasas elevando al tiempo y
proporcionalmente la cantidad de proteínas para aprovechar lo que se conoce
como acción dinámico especifica de éstas. Dicha propiedad favorece que el organismo pueda perder peso, lo que produjo
una serie de dietas de poco nivel energético e hiperproteicas.
Algunas
de ellas se agrupan con el nombre de dietas de muy baja cantidad calórica,
entre las que destacan la del ayuno modificado, la del modifast o la de
Cambridge. Pueden ser utilizadas por periodos muy cortos de tiempo, con el
efecto secundario de provocar trastornos del ritmo cardiaco que suelen ser
graves en los obesos hipertensos.
Dentro
de este grupo existen unas variantes absolutamente desaconsejables, destacando
de una parte la denominada dieta de la proteína liquida, que produjo sólo en
Estados Unidos 60 muertes entre sus seguidores, comprobándose después que
morían por alteración directa del músculo cardiaco.
Otra es
la llamada dieta de la última oportunidad, que con unas premisas parecidas a la
anterior causó 46 fallecimientos, en los que se objetivaron problemas
cardiacos, pero de los que nunca se supo la causa exacta de estos desenlaces.
Existe también la dieta de Scardale, un plan en el que prácticamente se
eliminan las grasas, y en el que sólo se puede comer carnes, frutas y verduras;
asimismo la de Cooley o la de Hollywood, con predicamentos similares a las
anteriores y que son igualmente peligrosas.
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